GUANAJUATO, Guanajuato | #MarcaPersonal | Cada vez más populachero y cada vez más parecido a otros festivalitos que se hacen prácticamente iguales en otras partes del País, el Cervantino va perdiendo la mística culterana que lo vio nacer. Esa vena de regocijo y nutrición espiritual —en el sentido evolucionista del compuesto— ya no está en la receta organizativa de las últimas tres ediciones. Hay huecos u oquedades que dan cabida a cualquier cosa que tenga la apariencia de lo estrafalario o lo pomposo, como una orquesta siendo comparsa de un solista que no se cansa de cantar lo mismo con los mismos tres acordes desde hace más de 20 años (y no precisamente hablamos del sobrevalorado Fito Páez, quien —por cierto— ya casi tiene un pie en Guanajuato con sus mismas tres canciones de siempre).

Ya sólo falta que Arjona venga a dar un concierto con la orquesta sinfónica de la Universidad de Guanajuato y no porque se quiera decir que Arjona merezca ocupar el escalón más bajo de la evolución musical, sino porque cada vez más se tiene la impresión de que el Festival Cervantino —donde alguna vez se presentó Ray Charles— ya no es nada sin una embarrada de pop. Molotov, el lado rudo del pop, fue el claro ejemplo de un Cervezantino que ya se quiere parecer más al edulcorado —y también sobrevalorado— Vive Latino que a un menú que de verdad valga la pena por su originalidad.

En noviembre, el FIC posteó que “#LoMejorDelCervantino fue el slam que se armó con Molotov”.

En el Cervantino no hay ruptura ni disrrupción, sino simple y sencillamente el gusto por hacer ilusionismo con las mismas dosis de siempre lo mismo. Tal vez lo único que se modifica es el envase, porque a estas alturas del reciclaje ya se ha vuelto fácil predecir quién será el gancho comercial de cada edición y hasta pareciera que Raúl Velasco, Luis de Llano o una hidra parecida está detrás de todo.

La gran sorpresa ahora es saber que las artes visuales pueden ir, como las heces, por el caño. En la columna “Crimen y castigo” de la sección cultural del diario “El Universal” se reveló que la nueva directora del Festival Internacional Cervantino, Mariana Aymerich, pretende pasar la tijera por la sábana de espectáculos y exposiciones, dejando fuera algunas propuestas pictóricas.

“La nueva directora del Festival Internacional Cervantino (FIC), Mariana Aymerich, inauguró su gestión con un pésimo precedente: dejó fuera a las artes visuales del encuentro”, publicó el periódico en su sitio web.

Según la columna, la curadora Ingrid Suckaer presentó un proyecto expositivo de arte indígena contemporáneo y se lo rechazaron.

“La respuesta que recibió de la directora es que no podían considerar su propuesta porque se hizo una evaluación sobre las artes visuales que se han ofrecido en el FIC y el resultado fue que ‘no han aportado nada’ y por eso desaparecerán”, advirtió el grupo de periodistas que elabora la columna.

Y no sólo eso: “También le dijeron que sólo Guanajuato, los estados y países invitados de honor y FEMSA Coca-Cola (patrocinadora del FIC) programarán algunas exposiciones”.

¿A poco Molotov o grupitos similares sí han aportado algo valioso? Quizá suene aburrido o demasiado solemne, pero banalizar el Cervantino no le dejará muchas cosas buenas a Guanajuato.

AQUÍ PUEDES CHECAR LA COLUMNA PUBLICADA POR EL UNIVERSAL:
https://www.google.com/amp/amp.eluniversal.com.mx/amp/note/amp/eluniversal/1620695