SILAO, Guanajuato | |Opinión | #MarcaPersonal | A Maciel lo defenestraron cuando creyó que le darían la oportunidad de buscar la reelección.

Alejado de la funcionalidad por culpa de la cosmética para el rostro femenino, el profesor se hizo cada vez más pequeño en estatura política.

A tres años de su ascenso, es el Juan sin el real sitio, el Antonio sin tino.

Tal vez sea bancariamente deslumbrante, pero ahora está convertido en el último gran ejemplo de la kakistocracia, es decir, el máximo representante del gobierno de los peores. Prefirió dejar fuera a sus contrafuertes y menospreciar a la ciudadanía, sólo para darse una vida de rey entre las curvaturas del palacio.

El sueldo de califa, el viaje a California con una de sus asistentes y el alquiler de una ultralujosa oficina en Guanajuato Puerto Interior destruyeron su imagen de adonis político. Dejó de ser el profesor que saludaba a todo el mundo y pedía una combinación de piña y sandía con queso rallado a pie de calle para convertirse en el adusto gobernante que todos los días paseaba por las polvorientas calles de Silao en una Suburban…

¿Y ahora dónde meterá la cabeza el Duque de San Bartolo?, ¿volverá a su vieja escuela secundaria o querrá volver a ser el protagonista de una telenovela que terminó con un paseo por Las Vegas?

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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