GUANAJUATO, Guanajuato | Llevar alegría a los panteones y celebrar la muerte desde la vida con pan de muerto, dulce de guayaba y nuez, frutas de la estación, catrinas altivas y esqueletos bailarines u otros elementos que hunden sus raíces históricas antes de la Conquista configuran la peculiar celebración del Día de Muertos en Guanajuato.

 Abundan los ‘festejos mortuorios’ en Guanajuato, el destino cultural de México.

Al respecto, el cronista de la ciudad capital, Eduardo Vidaurri Aréchiga, subrayó que Guanajuato se distingue del resto del País por sus abundantísimas manifestaciones en memoria de los difuntos añorados y el pan que semeja un cuerpo momificado con las manos al pecho, aderezado con una cajeta sin leche que única y exclusivamente se produce en esta ciudad colonial, donde las leyendas y el poderoso influjo del humor entrecruzan miradas.

Conforme transcurrieron los años, estas viejas estampas guanajuatenses se enriquecieron con la aparición de otros ‘festejos mortuorios’, como la ofrenda monumental en las escalinatas del edificio central de la Universidad de Guanajuato, la muestra de arte efímero ‘La Muerte en Cartelera’, el festival ‘La Catrina Vive’, los tapetes de la muerte en la calle Sopeña y, en este 2018, la conmemoración en la Calle Subterránea, donde las momias vuelven a jugar un papel protagónico por iniciativa del presidente municipal, Alejandro Navarro Saldaña.

En alusión a la creencia prehispánica del camino de las almas hacia el Mictlán —o el inframundo en la mitología mexica—, Vidaurri Aréchiga refirió que la antiquísima celebración del Día de Muertos comienza el día primero, con la ofrenda en honor a los difuntos niños y, sin hacer pausa, prosigue el día 2, con la festividad en memoria de los mayores.

“Es cuando, según la tradición, se abre un portal para el retorno de los muertos al mundo de los vivos”, indicó el historiador. “Y se dispone, en diferentes niveles, la ofrenda para recordar al difunto al que se extraña: se colocan objetos que lo distinguían o alimentos que le agradaban y, por supuesto, una foto que refleja sus gustos o su oficio”.

Sobre la visita a los cementerios entre la noche del día primero y el amanecer del 2, expuso que un cuantioso número de guanajuatenses se concentra en el panteón de Santa Paula, cuya apertura data de 1861; en el recinto —agregó— predominan tumbas decoradas e iluminadísimas, numerosos ejemplos de la gastronomía típicamente guanajuatense y calaveritas de quijadas movibles, calacas tendidas que se levantan por medio de un hilo y otras invenciones divertidas que acentúan el carácter festivo de esta colorida expresión de la cultura cuevanense.

Eduardo Vidaurri Aréchiga, cronista de la ciudad de Guanajuato.

El cronista también mencionó la popularización de la Catrina como el personaje por excelencia entre el amplísimo elenco de ‘criaturas que vuelven de ultratumba a pasear por las calles de Guanajuato.

Explicó que la Catrina contemporánea representa la versión ultraelegante de la calavera aristocrática que el grabador aguascalentense José Guadalupe Posada presentó por vez primera en 1912 y que el pintor guanajuatense Diego Rivera retomó en el mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, en 1947.

Este año, dijo, la alegría del Día de Muertos se vuelve aún más notoria con el Festival que este primero de noviembre se inaugura en la calle Miguel Hidalgo, tradicionalmente identificada como ‘La Subterránea’, una idea que —a su parecer— sintetiza lo más representativo de la ciudad y la vuelve más atractiva ante los ojos del turismo nacional e internacional, ya que incluye música, teatro, títeres, alfeñiques y una callejoneada macabra.

La Catrina contemporánea representa la versión ultraelegante de la calavera aristocrática que el grabador aguascalentense José Guadalupe Posada presentó por vez primera en 1912.

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