ROMITA, Guanajuato | #MarcaPersonal | Subyugado por Jesús Granados, el Alcalde romitense no toma decisiones.

En Romita aún utilizan el viejo dicho del campesinado: el que por su gusto es buey, hasta la coyunta lame. Pero Oswaldo Ponce no puede refutar la conseja popular en la práctica: su yunta retrocede cada vez que la cúpula romitense del PRI interviene.

Oswaldo Ponce tiene el enemigo en casa. Lo moldean como muñeco de plastilina o barro al antojo del clan Granados. E inclusive pudiera decirse que es la cara visible de la sumisión.

Ponce. La cara de la sumisión.

En el 2006, cuando Ponce apenas daba sus primeros pasos como soldado priista, Felipe Durán, un fanático del espiritismo, recuperó la Presidencia Municipal para el PAN y lo hizo con suma facilidad, pues el régimen de Granados indigestó al electorado con un extenso catálogo de arbitrariedades y excesos.

Granados, como el mariscal del priismo en Romita de Liceaga, se encuentra por encima de Ponce, un autómata en la Presidencia Municipal, un zombie de la política que sólo sigue instrucciones.

Ante este panorama, el Partido Acción Nacional podrá recuperar la Alcaldía en el proceso comicial de 2021. Aún lejanísimo en la línea del tiempo, pero luz cenital en medio de las penumbras que reinan con esta oscura e ignominiosa forma de gobernar.

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