MARCA PERSONAL/ A casi 4 años del acto delictivo que ordenó consumar contra la libertad de expresión, Enrique Solís pretende volver a escena. Tal vez en forma de titiritero, tal vez en forma de líder motivacional que da consejos. Después de una larga temporada entre las brumas jurídicas, se reunió en privado con Cruz Rangel, el nuevo dirigente local del PRI y uno de sus hombres de mayor confianza… Amigos y enemigos del ex Alcalde juran y perjuran que ambos actores se vieron en el hotel Hotsson y abordaron temas del escenario priísta.

Solís desea recuperar su escalafón salarial y la nobleza que alguna vez presumió como notario. Sobre su fiat notarial se cuentan muchas cosas: que lo perdió de manera definitiva, que se lo suspendieron, que implora se lo devuelvan, que se hizo responsable del ataque para no perderlo y muchas otras suspicacias. Sea cual fuere el estatus de ese regalo gubernamental, Solís tiene sobre su frente el estigma de la barbarie política, es decir, la marca de la intolerancia…

Solís, antes que pensar en su patente, tiene la mirada puesta en el terreno político y para eso se reunió con Rangel: ambos intentan promover al novel Álvaro Caballero como precandidato a la Presidencia Municipal de Silao o, en todo caso, empujar al ex panista Rogelio Santoyo, porque su corazón siempre se pintó de azul y deseaba que Maciel, su amigo de la adolescencia, fuera el sucesor. De tendencia ultraderechista, Solís hizo alianza con una célula tóxica del panismo y convocó a la rebelión de los priístas en nómina para triturar a Leonel Mata en el 2015… No hubo de otra: o Leonel o Maciel… Y prefirió ser enemigo del PRI.

De ese golpe contra su propio partido también se han tejido innumerables leyendas que no suenan tan descabelladas y, en términos coloquiales, tienen toda la pinta de ser verdad: que le juró amor electoral a Miguel Márquez a cambio del indulto, que permitió la permanencia de muchos operadores panistas para derrocar al PRI, que funcionarios de otra corriente ideológica lo tronaron desde adentro, que el síndico Alcocer le arrebató el rol de alcalde y un largo etcétera.

Independientemente de esa ingente montaña de rumores y minificciones sobre Solís, un caso sobremanera documentado y analizado, estamos ante un personaje de carne y hueso que cayó dominado por la soberbia. No puede comprenderse por qué antepuso la violencia al plan estratégico de evasión, pero sí se puede vislumbrar y desentrañar por qué bloqueó a su partido.

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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