A lo largo de su trayectoria política, Alejandro Navarro se ha distinguido más por sus resbalones que por algún mérito. Salvo su gasto publicitario en redes sociales, no se le recuerda algún acierto, diploma o trofeo. Nada de política de altura, sino simple grilla de tianguis.

Ante este panorama deplorable y desolador para el diputado de grisácea y aburrida actuación, el PAN ya podría estar pensando en mejor perder por default, en vez de impulsar una opción poco seria que ningún efecto benéfico representa. No es exageración: Navarro da cada paso en falso y muchas de sus intervenciones son para sketch de algún programa de la desahuciada barra cómica de Televisa. Sólo hay una palabra para describirlo por escrito: absurdo.

Es por lo anterior —y no por otra cosa— que Sealtiel Ávalos reaparece en escena como el político bombero del PRD que puede salvar al panismo capitalino de la peor catástrofe electoral de su historia, pues llevar a Navarro significaría profetizar la parusía, es decir, el principio del fin.

Sin decir que sea la panacea o la fórmula remedial necesaria, Sealtiel es más pieza que Navarro en dado caso de llegar a consolidarse un matrimonio político entre el perredismo bronco y el panismo ultramocho de la Capital. No sería descabellado pensar que las cúpulas de ambos partidos decidan fraguar el casorio y la luna de miel, pues el legislador local conocido como “El Judi” no es el goleador del equipo blanquiazul, sino el defensor despistado que permite recibir muchos goles y estar en el sótano de la tabla porcentual.

Si PAN y PRD se casan por conveniencia, Sealtiel Ávalos sería, por naturaleza propia, el sargento de la misión bélica. Si bien no le alcanzaría para arrasar, Sealtiel mantendría la cuota de los dos partidos en el Ayuntamiento. Por lo tanto, olvidemos y echemos a la basura cualquier exacerbación protagónica de Navarro, quien sirve más para conducir un programa de cocina fácil que para la política. Eso es real.