SILAO, Guanajuato | #MarcaPersonal | Ni siquiera hay trozos de un razonamiento cercano a la animación o la difusión cultural. Con los mismos retazos de siempre, la Casa de la Cultura camina hacia la calamidad.

¿Dónde quedaron las buenas intenciones de antes? ¿Acaso ya tan pronto desaparecieron las ganas de traer grandes eventos y dejar atrás las pequeñas carteleras que sólo provocaban flojera y bostezos?

La presentación de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato en marzo de 2018 fue un buen intento, pero ya jamás volvió a recorrerse ese camino operativo-conceptual. Ya nadie lo siguió.

¿Qué necesita la Casa de la Cultura para consolidarse como institución?

En la Casa de la Cultura han reaparecido los espectros del anacronismo y los fantasmas de la repetición temática. El vampirismo burocrático vuelve a chupar la sangre brava que quizá pueda dignificar el trabajo de llevar el arte popular, la educación no formal y la formación de públicos a otras escalas.

¿Se podrá superar lo que en su tiempo hicieron Javier López, César Troncoso o José Rizo?

Apenas hace poco, Flaviano Chávez puso el ejemplo. Tampoco lo siguieron.

¿Se podrá salir de la cancha del recreo mental para entrar en la de dilucidar los motivos sobre por qué tener una Casa de la Cultura acorde con el tipo de convulsiones sociales que estamos viviendo?

¿Se necesita un exorcismo para ahuyentar a los espectros?

¿Qué se requiere en este nuevo ciclo solar para apuntalar los pilares de algo que parece gelatina a la distancia?

¿O mejor hacemos palomitas de maíz para ver un refrito del “Maleficio”?, porque el melodrama ya hizo chispas donde se dice que también se siente lo paranormal.