[Crónica silaoense]

SILAO, Guanajuato.– Una mujer que simpatiza con el pueblo se rebela contra el político rico, al igual que en la leyenda inglesa de Robin Hood, arquetipo de la búsqueda de la justicia social por métodos heterodoxos o poco convencionales.

No importa el grito a mitad de la calle ni las gafas oscuras que no combinan con la solemnidad que exhibe un regidor recatado, de esos que van a misa todos los domingos a darse golpes de pecho.

Además, los silaoenses se enfrentan entre sí: locales contra inmigrantes, los de aquí contra los de allá, los del centro contra los de las colonias olvidadas por el alcalde Morales Maciel.

Pese a lo predicho por sus enemigos, Pita Espinosa, una especie de Robin Hood a la mexicana, gana más popularidad cuando la atacan. La saeta envenenada se dirige contra ella cada que persigue un ladrón en la calle o cada que critica —sin bozal— al regidor que denuncia “moches” y, a la vez, está enredado en ellos.

Pita Espinosa llegó catalogada como una paria de la política y no aspira al paraíso de los decentes, sino que se aferra a la tribu, a la convivencia normal —y sin tapujos— en la calle. No es la clásica regidora que se olvida de saludar a los votantes.

Saluda a todo el mundo, no importa que se la pasen refunfuñando por lo que publica en Facebook o por las polémicas que desata en el Ayuntamiento.

La clase política, que lideran élites locales que irremediablemente son establishment, la detesta. Los panistas la ven como el demonio, los nuevos verdes la alaban, los priístas ya la quisieran. Ella también es establishment, pero parece de barrio.

Es admirada por muchos… Y también odiada por muchos. En redes sociales, abundan por cientos los comentarios que la animan a contender por la Presidencia Municipal, sin embargo, ella presentó su carta intención para elección consecutiva. Fue de las primeras que la llevó ante el árbitro electoral.

Después de todo el teatro, algo tan viejo como la manipulación de las masas para conquistar el poder… Perseguir ladrones, atraparlos y exhibirlos en las redes sociales. ¿Es una cazarrecompensas que, en vez de plata, pide likes y votos?

Los gandallas se están llevando nuestra prosperidad, dicen los que se sienten maltratados por la insensibilidad de las autoridades.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Muchos cambios políticos han ocurrido para generar inseguridad en el ciudadano común. La decadencia de la clase política silaoense, el desgarrón que dejó la gran crisis provocada por Enrique Solís, la globalización, el miedo a que alguien nos arrebate el celular en la calle. Es el síndrome de incertidumbre e incomprensión que nos lleva a pensar en el futuro como un peligro y jamás como una esperanza. Justamente, así se llama la mamá de Pita: Esperanza. Ella la aconseja y la guía: “El día que no hagas algo bueno por la gente, voy y te saco de los pelos”.

Las clases acomodadas de Silao
—y que están bien acomodadas por vivir de la política durante más de 20 años— se sienten amenazadas, bien para llevarse un trozo mayor del pastel burocrático, bien para llevarse un buen bono a sus bolsillos o, bien, para construir otra cabaña a los pies del Cubilete.

La amenaza se llama Pita Espinosa, una Robin Hood a la mexicana.