LEÓN, Guanajuato | MARCA PERSONAL | Cada proceso electoral, nuestros oídos, con cerumen o sin él, escuchan la letanía política de siempre: “Es necesario unir fuerzas, conformar una agenda común, en donde prevalezca el interés general, no el particular”. Muchas ‘linduras’ de este tipo se escuchan por todos lados: en el autobús, en el tianguis, cuando vamos a comprar una guacamaya o un helado, en la fila del Pollo Feliz, en el ascensor o en la cafetería de nuestra más íntima preferencia. Nos sentimos agobiados y apocados ante tal metralla de enunciados falsarios que sólo se oyen bonitos e impactantes a la primera oída, pero que después sólo guardan el eco del aullido provocado por un machucón de cinco dedos.

Frente a las elecciones del primero de julio, los electores guanajuatenses estamos agobiados ante tanta información contradictoria. Ya no se sabe con claridad quién es quién. Cada uno de los candidatos se dice amparado por la verdad y respaldado por gruesos sectores de la sociedad… Pero en la contienda hay ex panistas con otros disfraces y ex priistas con otras caretas. Si muchos se mimetizan para ocultar su pasado político, ¿se puede fomentar la discusión y se pueden impulsar las acciones que nos llevarán a la construcción de un mejor estado?

¿Sheffield sólo salió del PAN para vivir un affaire? ¿O sintió el llamado del Mesías?

¿Ricardo Sheffield renunció a 25 años de historia personal en Acción Nacional para conformar un dream team con Miguel Ángel Chico en MORENA o ambos salieron de sendos partidos por el resentimiento que produce no tener una candidatura en las manos?

¿Qué provoca que un actor político traicione la cuna que lo vio nacer o la casa donde dio sus primeros pasos? La explicación más lógica ante esto es la desaparición del confort que ofrece vivir de la ubre presupuestal. ¿Sheffield sólo salió del PAN para vivir un affaire? ¿O sintió el llamado del Mesías? ¿Miguel Ángel Chico vio rotas sus esperanzas en el PRI y por eso saltó al barco de la Esperanza de México?

La ciudadanía ve que se repiten las mismas historias triunfalistas de siempre, pero la estructura del discurso ya es tan blandengue que nadie las cree, lo que podría acentuar la abulia o el desánimo entre los electores, quienes tal vez prefieran —y con más ganas que nunca— quedarse en casa y no emitir su voto.

Aunque las estimaciones sobre la intención de voto que difunden las casas especializadas planteen pronósticos que favorecen a MORENA por el efecto empático de López Obrador, nada garantiza que los ciudadanos vayan a las urnas por sí solos, menos cuando la franquicia del tabasqueño parece el Arca de Noé, recibiendo toda clase de criaturas.

Aquí viene el primer dilema para MORENA: ¿Es conveniente embutir la masa de otros partidos en los cuadros de López Obrador, aunque sea cuestionada su legitimidad? ¿Es conveniente adoptar personajes autoexiliados por su necedad o veleidad política y con ello crear una masa amorfa que no convence?

Como diría Marco Antonio Solís, tan popular como López Obrador, quien a la vez resulta tan común como un disco del Buki: ¿a dónde vamos a parar con esta hiriente y absurda actitud?

***La opinión del autor no refleja la del medio.

__________________________________________________________________________________________________

Síguenos en facebook: #DaleClicAquí