GUANAJUATO, Guanajuato | #MarcaPersonal | Derrotado y desterrado. Así suele describírsele a un ex panista que está a favor de nada y en contra de todo. Reniega que él haya formado parte de Acción Nacional y, en vez de ponerse el overol, se la pasa en el chisme, quejándose de todo cuanto hace o deja de hacer el Gobierno panista de Guanajuato Capital.

Primero hace el rendibú a su jefe, otro ex panista dolorido, y luego arremete contra las políticas que impulsa la tribu panícola en la Capital del Estado. Aborrece cualquier cosa que huela a PAN e idolatra a todos aquellos seres que se hayan despojado de la chaqueta azul para ponerse la color guinda de López Obrador.

Loya renegó de su origen panista.

Lleva seis meses repatingándose en el sillón de los gemidos y los lloriqueos, pero ni siquiera sale a poner el ejemplo ni presenta contraproyectos. Sólo se dedica a publicar comentarios quejumbrosos en el mundo virtual, donde cualquier cheguevarista de plastilina puede convocar a la revolución.

Si aún no has adivinado quién es, ha descuidado su ‘chamba’ en la delegación Quintana Roo de la Procuraduría Federal del Consumidor, un brazo burocrático cuya nómina no reprueba ni reprende. Tal parece que la austeridad bolivariana no aplica en la península o que la filosofía lopezobradorista del ascetismo casi franciscano se disipa en Cancún, donde se le ha visto disfrutar a lo chairo de todo lo fifí que diariamente critica.

Roberto Loya no se ha distinguido por ser innovador ni propositivo, sino por reflejar con sus quejas y sinsentidos que sigue pensando en el 2021. Tal como diría Edward de Bono, asumir el papel antagónico en la mesa de diálogo es lo más fácil del mundo.

De todos modos, dicen los enterados que a Loya niloven niloyen e incluso podría decirse que, muy en el fondo, sigue siendo el mismo panista frustrado que quiso tomar por asalto el control del PRD (sí, del PRD) durante la última fase del priato en Cuévano. Loya, con tantos cambios de piel y tantas patadas contra el pesebre que lo acogió, es el rostro de la contradicción.

La opinión del autor no refleja la del medio. #SomosClic

Ahora presume su amor por López Obrador.