GUANAJUATO, Guanajuato | #MarcaPersonal | Sin seriedad ni profesionalismo, el regidor Óscar Aguayo volvió a exhibir su necedad en una sesión ordinaria de Cabildo.

Sin aportar razonamientos jurídicos ni criterios para evaluar el desempeño de las dependencias de la Administración Pública Municipal, el edil de marras exigió la destitución del secretario de Seguridad Ciudadana, José Luis Santos Nápoles. Pero jamás mostró instrumentos para medir el rendimiento laboral ni criterios metodológicos para llevar a cabo una evaluación sumativa. Simple y llanamente, el jovenzuelo de MORENA pataleó e hizo berrinche.

El regidor no presentó rúbricas de evaluación ni diseñó un test de calidad. Simple y llanamente, exhibió la tozudez de alguien que aparenta encarnar el papel de guerrillero por leer (o simular leer) dos cuartillas de Gramsci.

Si quiso expresar la originalidad de un pensamiento vivo que presupone existe en MORENA, no lo logró.

El regidor Aguayo volvió a ganar el Óscar, por el Mejor Ridículo en una sesión del pleno.

No hizo patente la coherencia ni la complejidad que demandan los tiempos modernos para desmenuzar un tema álgido de la agenda pública.

Si pretendía actuar con aires de docto, sólo rezumaba el tufo de la degradación, cada vez más caricatura de sí mismo.

Si quiso quebrar la individualidad del intelectual en la imagen del “intelectual colectivo” que encarnan las funciones organizativas de la masa social, sólo hizo el ridículo.

Óscar Aguayo aún no asimila la relevancia de la silla ni la función que ocupa en el seno de la estructura gubernativa. A 100 días de la primera sesión ordinaria de Cabildo, el adorador de López Obrador tampoco demuestra un nivel de dominio concreto en la praxis edilicia y se enreda entre frases muy masticadas y execrables que demerita todo el esfuerzo del cuerpo edilicio.

¿Acusar a las otras bancadas de opacidad y corrupción sin pruebas es un ejercicio responsable?

Si Óscar Aguayo quiso sacar el sable para cercenar cabezas sin anuencia unánime, se equivocó. Su arma, sin filo argumentativo, sólo rebanó la civilidad en delgadas tiras.

Óscar Aguayo, latu sensu, es un ejemplo vulgar de la discusión edilicia sin fundamentos; strictu sensu, es un niñato.

¿O por qué hizo su solicitud en una servilleta?
¿Ése es el representante que osa presentarse como la sagrada oblea ante la sociedad?

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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