LEÓN, Guanajuato | #MarcaPersonal | Gerardo Sánchez no entiende que la manía de tomar decisiones de manera unilateral lo llevó al fracaso.

La repulsiva narrativa de la época dinosáurica y la exclusión de los militantes que no lo idolatran llevaron al doctor Sánchez al averno electoral. El PRI encontró en el cacique salvaterrense el mejor repelente contra votantes.

El discurso dinosáurico de Sánchez aburría a la audiencia.

A pesar de todo, no acepta su derrota.

Su doctorado no le da para comprender que su egolatría hizo del PRI una caricatura e, impasible, dejó que el partido —como canta José José— se hunda en el lodo. El doctorado, dicen, no quita lo atarugado.

Arrinconado como rumiante en el más escabroso de los escondrijos, el aspirante de la frente amplia demuestra que realmente no tiene pantalones y reparte culpas a diestra y siniestra. Tal parece que se volvió más hirsuto con la edad y perdió muchos acres de terreno político con el deseo incontrolable de controlarlo todo.

Se ve que los pantalones de candidato no le quedaron o, por aquello de las justificaciones, alguien más se los robó o se los cambió por unos más descoloridos que sus discursos.

Aunque hay otra versión del monopólico Sánchez…

Hay quienes sospechan que le vendió su alma al diablo mayor de Acción Nacional, quien —a cambio de algunas prebendas— pidió poner candidatos débiles del PRI en muchos municipios, para generar diferencias irreconciliables entre mismos priistas y facilitarle el triunfo a las piezas que el PAN movió sobre el tablero guanajuatense.

El PRI encontró en el cacique de Salvatierra el mejor repelente contra votantes.

¿Y qué cree? Tenemos algunos ejemplos que pueden comprobar dicha hipótesis: en Guanajuato capital, Gerardo Sánchez puso a la ex panista Ruth Lugo, cuya delgadísima popularidad propició el ascenso meteórico de Alejandro Navarro; en Silao, colocó al ex panista Rogelio Santoyo, quien provocó la descomposición priista en un instante; en León, el desconocido Clemente Villalpando permitió la reelección de Héctor López y en Celaya, Montserrat Vázquez, quien sólo obtuvo 17 mil 230 votos perdió ante la panista Elvira Paniagua, ganadora inalcanzable con 58 mil 535 sufragios. En la capital del Estado y tres municipios del Corredor Industrial, el PRI ocupó el deshonroso tercer lugar.

Lamentable, ¿no?

¿…Y de quién es la culpa? Por supuesto, es de Gerardo Sánchez. Él quitó, cambió y puso aspirantes del PRI en municipios clave.

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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