SILAO, Guanajuato.– A lo largo de su historia, el Partido del Trabajo (PT) se ha vinculado al PRI, al perredismo e inclusive al Partido Acción Nacional. Ahora se une a MORENA por simple conveniencia electoral y no precisamente por similitud en ideología o principios. En el caso concreto de Silao, el PT no sobrepasa el estatus de basura. Por allí desfilaron el ex panista Jesús Marmolejo y el ahora dieguista Jorge Peña. En este proceso electoral, el ex priista Hugo Granados arrendó las siglas petistas con el sueño guajiro de convertirse en regidor, pero sin ideas propias ni estructura para promover el voto.

En su uso corriente, arrendar significa adquirir el uso o el aprovechamiento temporal de cosas, obras o servicios, a cambio de un precio y de su devolución en perfecto estado tras la extinción del contrato de arrendamiento. Es decir, el ex militante del PRI adquirió temporalmente las cosas del PT, a cambio de un precio electoral bastante devaluado y de la devolución en perfecto estado de la franquicia una vez extinto el contrato de arrendamiento en contubernio político con MORENA.

La ciudadanía ya sabe que el PT no representa ideas ni programas; no tiene propósitos ni seguidores. Es un partido basura.

En octubre de 2017, la Procuraduría General de la República señaló al fundador y eterno dirigente nacional del petismo, Alberto Anaya, como presunto responsable de malversación de 100 millones de pesos. El dinero, destinado a la construcción de Centros de Desarrollo Infantil en el estado de Nuevo León, llegó a fondos de inversión personal a nombre de Guadalupe Rodríguez, esposa del polémico personaje. En resumidas cuentas, dinero de las arcas públicas a las cuentas personales.

El partido que nació el 8 de diciembre de 1990 bajo la tutela de Raúl Salinas de Gortari tiene cero fuerzas en Silao y nada de nada podrá aportarle al miniproyecto de supuesta renovación que encabeza el ex panista Carlos García.

Ya desvalorado y prácticamente vendido como saldo de vieja boutique, el PT sólo mantiene la esperanza de no perder el registro.

El perfil histórico del partido basura se ajusta a los intereses políticos de cada proceso. En 2006, por ejemplo, Jorge Peña prostituyó las siglas del PT para ponerlas al servicio del entonces candidato panista Jorge Galván.

En esta temporada comicial, al cadáver petista lo quisieron revivir con desechos e inservibles instrumentos políticos que ni un solo dedo mueven. MORENA, por ser el partido que lleva la batuta en la coalición “Juntos Haremos Historia”, quiso emplear al satélite rojo como una palanca de propulsión, pero tardíamente se han dado cuenta del nulo empuje y del vacío argumental de los comodines que rellenaron los huecos. Los estrategas morenistas se quedaron absortos ante el cadavérico asunto que ya no compete a Ricardo García Oseguera, el llamado tlatoani de MORENA en el estado, sino a un forense, pues el PT, dicho sea con toda claridad, es un partido muerto.

Antes de que este circo deplorable y desolador termine por exacerbar los ánimos de una mayoría a la que se le ha explotado y se le ha enseñado que el cinismo y la impunidad pueden reinar sobre la ciudadanía, la acción política de MORENA debe encaminarse a ofrecer primeros auxilios y técnicas de resucitación, pues los votantes exigen supremacía del interés general, tolerancia, coherencia y la restauración de Silao, todo bajo el supremo derecho a la libertad de elegir entre modificar los estándares o seguir hundidos en la misma basura de siempre.

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