SILAO, Guanajuato | #MarcaPersonal | En algunos rincones del Palacio Municipal ya se percibe el aroma a discordia.

Entre mismos gobernícolas persiste el deseo de buscar un espacio en el nuevo espectro electoral, aunque sea demasiado temprano para desasirse de la matriz panista.

Tanto el Verde como el PRI fueron los grandes perdedores de la contienda 2018, pero sus chapulines —ya bien entrenados en el salto— buscaron acomodo en áreas donde ahora no saben como arreglárselas para ‘sacar al buey de la barranca’. Tal es el caso de Viridiana Canchola, quien renunció a su ideología ecologista por diferencias con Pita Corral. Canchola ofreció más de 10 mil votos, es decir, la mitad de la votación que acaparó Acción Nacional (20 mil 146 votos). ¿A poco la titular de Mercados tiene más alto nivel de convocatoria que el PRI? Sin duda, su ofrecimiento fue toda una exageración producto del chapulinato febril, pero la inscrustación de perfiles despolitizados y/o ajenos al partido de Toño Trejo ya produjo fisuras y descontentos.

Entre tensiones y resistencias, con un PAN que inicia su proceso de recomposición después de limpiar el lodazal que dejó Juan Morales Maciel, hay personajes que buscan sabotear, pervertir o infectar el actual estado de cosas.

A nivel nacional el fenómeno lopezobradorista —con casi dos décadas en la brega— hizo pedazos a las cucarachas políticas, como Nueva Alianza, que sólo sumó mil 196 votos en Silao, o el exánime PRD, que muy apenas rebasó el millar de sufragios (mil 157 votos, para ser exactos).

El temor al interior de Acción Nacional crece conforme ‘se engorda el caldo’ de los exiliados que hicieron nido en la Administración blanquiazul. Precisamente, MORENA y sus cotas de fidelidad avanzan silenciosamente, aprovechando la ignorancia de quienes deben evitar el lucimiento de los intrusos.

A cinco meses del primer día del trienio 2018-2021, los rescoldos del macielismo, la corriente galvanista, el prianismo, los morenopanistas y las nuevas castas se revuelven como piezas de dominó sobre la mesa. No hay una línea clara de mando ni capacidad de regenerarse en caso de una crisis grave, pues cada bando diluye la homogeneización política por el incontenible deseo de estar a la par o por encima del Alcalde.

Entre tensiones y resistencias, con un PAN que inicia su proceso de recomposición después de limpiar el lodazal que dejó Juan Morales Maciel, hay personajes que buscan sabotear, pervertir o infectar el actual estado de cosas. En el sur, José Jairo Ramos, del colectivo Diversidad Sexual, quiere ser protagonista. En el plano paralelo, Guillermo Aguirre júnior planea su reaparición. En la otra esquina, Juan Roberto Tovar y Mario López Remus tienden las trampas para desbancar al grupo de Trejo. Desde adentro, los sobrevivientes macielistas producen paraonias en serie y atizan los fuegos del rencor a base de comparativos, y los galvanistas, con los ojos puestos en la sucesión en el cargo de Presidente, ya traman cómo eliminar peones que pueden coronar… Con todos estos escenarios a la vista, ¿qué se hace para atenuar los efectos de una predecible –y bastante ominosa– destrucción de estructuras y articulaciones?

¿En cuál torno o fragua tendrán que hacerse tornillos y tuercas para revertir la separación de las piezas?

El temor al interior de Acción Nacional crece conforme ‘se engorda el caldo’ de los exiliados que hicieron nido en la Administración blanquiazul.

***La opinión del autor no refleja la del medio.