Alejandro Navarro, un político elitista que jamás se ensucia los zapatos, siguió los pasos de su predecesor, el también antipático Lalo Trujillo. Ambos se hicieron políticos con el peor y más aberrante molde de Acción Nacional: el de mirar con desprecio a la sociedad. Ambos despreciaron su responsabilidad legislativa en Silao y sólo focalizaron su grilla —y tesón electorero— en la Capital. Para el panismo silaoense, de los dos no se hace uno. No es mentira ni exageración: Alejandro y Gerardo son los máximos ejemplos de la insipidez social dentro de un partido que continuamente enarbola el banderín del bien común. Son desabridos por naturaleza.
Sumergido como Peter Pan en una prolongación de la infancia, Navarro juega con el truco de la desaparición: en Silao no se le ha visto.
Los panistas dicen que la gratitud es la memoria del corazón, pero Navarro, miembro de la neoburguesía cuevanense, no predica con ese ejemplo. Sólo quiso hacerse fama de manera fácil y simplona, tomándose la foto con Titán, el perro rescatista que localizó a muchísimas personas atrapadas entre los escombros después del sismo del 19 de septiembre.
Con estos antecedentes, el legislador, como navegante en el mar electoral, es sinónimo de naufragio y cataclismo.
Después de tomar protesta como miembro de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado, se olvidó por completo de Silao. Sólo estuvo en una posada panista que se celebró en la comunidad El Coecillo y asistió como invitado especial a la presentación del Plan de Gobierno del alcalde Juan Antonio Morales Maciel. Fuera de estos eventos, sufrió amnesia política y únicamente hizo presencia en Guanajuato Capital, pese a que en Silao obtuvo el mayor impulso para derrotar al capitalino Carlos Chávez en la contienda interna y, con todo el músculo del panismo silaoense, convertirse en el candidato a diputado local del octavo distrito y vencer —sin complicaciones— a la priísta María Elena Cano Ayala. Según el mapa legislativo aún vigente, el octavo distrito comprende Guanajuato y la mitad de Silao (de la vía del ferrocarril al oriente), pero el diputado lo acomodó a su antojo, lo rebanó por mitad y desincorporó el fragmento territorial que corresponde a Silao, ya sea por olvido, ya sea por omisión.
¿Dónde se oculta Navarro? Las y los silaoenses nunca lo han visto.

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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