(PRIMERA DE 2 PARTES)

SILAO, Guanajuato | #Opinión | #MarcaPersonal | Después de negarse a suscribir el Pacto de Civilidad y Legalidad, el priista Rogelio Santoyo Guevara demostró en el debate del Instituto Electoral que jamás hizo trabajo de planeación, investigación y preparación para presentar sus propuestas en los temas de seguridad, obra pública, rendición de cuentas y educación. Respondió de botepronto y se enredó entre sus propias muletillas.

A pesar de simular firmeza a la hora de exponer cada una de las acciones que pretende llevar a cabo en caso de resultar favorecido con el voto mayoritario, el ex síndico no supo establecer el cómo ni el por qué hará tal o cual cosa. Desde la intuición, quiso explicar algunos procesos de la administración municipal, sin embargo, el grado académico no lo salvó del discurso hueco e insustancial. Su estilo Peña Nieto tampoco lo libró del titubeo y, más bien, cometió una serie de “peñanietadas”.

La flaqueza argumentativa y la esterilidad de sus líneas, muchas de ellas en danza con la improvisación de último minuto, ahogaron la poca lucidez de Santoyo en el foro de TV, donde Guadalupe Espinosa Corral lució como una candidata que no sólo basa su popularidad en el atrevimiento o la frescura para decir las cosas tal como son, sino en la viabilidad de los proyectos que plantea para enderezar el rumbo de Silao. Sorpresivamente y contra todos los pronósticos, Pita se plantó detrás del atril para evidenciar que adquirió experiencia durante su estancia de dos años y medio en el Ayuntamiento silaoense.

Santoyo Guevara se vio acorralado cuando el moderador formuló una pregunta sobre los narcocorridos e intentó hacer malabares con las palabras, de tal manera que su respuesta reflejó una tendencia elitista y autoritaria, ya que insinuó la prohibición de ese género musical en el municipio, donde la música de concierto no es el gusto predominante. De hecho, en Silao ni siquiera hay sala de conciertos ni formación de públicos. ¿O acaso no aceptará el voto de gente que no tenga modales tan refinados como los suyos? ¿O acaso Marco Antonio Solís, el cantante que lleva el dardo clavado en la espalda, es algo más que música popular para complacer a la masa? ¿El Buki es más que Brahms o Beethoven? El candidato priista, quien siempre se refirió a los “silaoenses” como “silagüenses”, debe explicar bien esa parte: ¿qué es el narcocorrido y por qué lo quiere prohibir?, ¿prohibirlo libera a Silao de la violencia?, ¿negarlo aleja a Silao de las estrategias fallidas en materia de seguridad?, ¿sacar al narcocorrido de las listas de reproducción y quitarlo de plataformas como YouTube y Spotify acabará con la inseguridad?, ¿eso realmente aplica?

En el rubro de seguridad pública y violencia, Pita lo expresó de manera contundente: “el policía que quiera trabajar bajo el orden legal, se quedará y el que no, que se vaya”. Santoyo expuso de forma ambigua cuando se le preguntó sobre el narcocorrido: “Eeeeeh, quiero comentarles que no debe ser parte de la cultura del ‘silagüense’ (sic), yo estoy totalmente en contra de este tipo de música”. De ser así, también debe tomar el serrucho para cortar de raíz el hip-hop, el rap, el heavy metal, la cumbia, el reggaetón y otros géneros musicales cuya letrística resulta muchas veces estridente u ofensiva ante los oídos castos. Si Santoyo gana, ¿sólo habrá poesía épica, lírica y dramática en las calles? ¡Qué aburrido!

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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