En México —y particularmente en el Bajío— ya se logró avanzar en materia de matrimonio igualitario y familias homoparentales, sin embargo, todavía persisten situaciones graves de discriminación que afectan a las minorías. Apenas hace poco, el aspirante regiomontano a ser candidato independiente a la Presidencia de la República, Marco Ferrara, afirmó que nuestro país está listo para un líder homosexual aunque, desde su perspectiva política, es mucho más importante que él sólo se presente como un hombre transparente, abierto y con el deseo de transformar México a través de decisiones honestas.

Entre estas situaciones discriminatorias, el aspirante gay señaló que los ministerios públicos y otras autoridades carecen de herramientas para abordar temas como los derechos humanos o la protección de las minorías. Tampoco existen políticas públicas que sean realmente efectivas para prevenir, perseguir y sancionar los crímenes de odio.

Ferrara es un ciudadano de vena filantrópica que incursionó en la participación política. Abiertamente, aceptó ser gay, una condición que aún espanta a las «buenas conciencias» o a los grupos conservadores del estado de Guanajuato.

En la política local, el tema no es nuevo. En Guanajuato Capital, Rubí Suárez se convirtió en la primera regidora transgénero, un paso agigantado en aras de romper los diques mentales que impiden la participación de las minorías. Más allá de si Rubí es política o no lo es, ella hizo visible la participación social de la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bis).

¿Las minorías serán visibles en las elecciones que se avecinan?

A semejanza de lo ocurrido con Rubí (antes José Luis), Marco Ferrara sueña con algún día convertirse en el primer presidente gay en la historia de México. Sin tapujos, así lo declaró: “México está preparado para un presidente gay, con propuestas. Pero también para un presidente transparente y que cumpla lo que promete…”.

La del joven de Monterrey es una declaración que ni de chiste se escucharía en el Bajío ultraderechista donde gobierna el conservadurismo.

Desde hace algunos años, muchos personajes de la farándula han aceptado su orientación sexual de manera pública, pero en la vida política de visiones y comportamientos hipermachistas, de culto a la personalidad inquebrantable que resiste “putazos” de todo tipo, no se avizoran candidaturas que se escapen o se alejen del molde heterosexual.

Difícil y comprometedor que un político inmerso en un contexto dominado por el espíritu conservador revele su verdadera naturaleza a la sociedad y también sumamente difícil y comprometedor que las estructuras partidistas —e inclusive el árbitro electoral— abran un espacio para las minorías. ¿Usted se imagina un candidato gay en el Bajío?, ¿cree que partidos como el PAN lo permitirían?

***La opinión del autor no refleja la del medio