Hacer «agua loca» en un tinaco no es un proceso innovador ni un invento exclusivo del alumnado de la Universidad de Guanajuato, sin embargo, el pantano mediático sobre el que flota hizo de «la madre de todas las aguas locas» el insumo perfecto para lanzar al «mundillo del mame» el producto más difundido de la propaganda perniciosa e irónica contra el Alma Máter. Sí, el alma nutricia de muchos que abrevaron del macroenvase en los tiempos sin Facebook ni escaparates que hacen escarnio de los errores institucionales, porque —debe decirse de nuevo— el «agua loca» en tinaco no es fenómeno reciente, sino que proviene de una rancia tradición premillennial. Esa pachanga, donde se degustó bebida enloquecedora en ingentes cantidades, no fue más que la gota alcohólica que derramó el vaso del homo academicus. La UG, extraviada en el cosmos del academicismo hiperpublicitado como cáliz de salvación o humo que redime al desclasado, se volvió un blanco fácil de burla en una serie sentimentalista de Televisa que provoca más náuseas que beber tres vasos de «agua rotoplástica» en un santiamén. Podrá decirse que fue de manera indirecta o que el episodio alusivo al desmadre universitario no daña el buen nombre de la institución, pero ésta ya se hizo más famosa con una célebre manifestación dionisíaca de la comunidad estudiantil que con cientos de miles de pesos gastados en impactos publicitarios que a duras penas curarán el “pecho lastimado” o el escudo mancillado de la Colmena Legendaria, ahora desacralizada con una «colmenita» de bebida adulterada. Podrá decirse que todas estas líneas sólo se prolongan con el ánimo de fastidiar o que son producto de efluvios alcohólicos, pero pudo más un tinaco que cien anuncios volátiles para llevar el happening más estrambótico de la UG a los foros de Televisa. ¿Qué sigue ahora?, ¿Felipe Calderón publicará un ensayo sobre el «agua loca»?, ¿ahora sí aplicarán el test de alcoholemia antes de ingresar a las aulas? No nos rasgamos las vestiduras ni las coseríamos si las desgarrásemos, pero ese Rotoplas ya puede ser objeto de estudio desde un enfoque socioantropológico e, intrínsecamente, es objeto kitsch de adoración que merece un nicho en algún museo. Questo quelotro, ¡salud!

***La opinión del autor no refleja la línea editorial del medio.