Márquez Márquez sacó del tablero a Vicente Esqueda Méndez (a la derecha del ex gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez).

En el centro funcional de La Venta, el sitio arqueológico más representativo de la cultura olmeca —cuya apogeo ocurrió entre el 1200 y el 400 a.C.— se levantó una pirámide con barro acumulado de 33 metros de altura. En este mismo sitio se produjeron las cabezas colosales y otras piezas de manufactura impresionante, cuyo estilo influiría en las culturas sucedáneas. Para la construcción de ese basamento piramidal de 100 mil metros cúbicos se necesitaron 80 mil horas-hombre. Todo indica que había una planificación sumamente cuidadosa, prueba de un avanzado ceremonial apoyado en una estructura política muy fuerte.

Sirva este fragmento de la arquitectura olmeca para ilustrar la estructura política que Fernando Torres Graciano, el senador de formación lasallista, ya logró consolidar en Silao, la joya industrial del Bajío y plaza a la que, inclusive, Andrés Manuel López Obrador ya le echó el ojo. Reunir a más de 2 mil 500 personas en la Ex Hacienda de Franco no es producto de algún hechizo, sino de una planificación sumamente cuidadosa al estilo olmeca, cultura madre mesoamericana. Es un buen resultado para jugar sin el aparato gubernamental. A pesar de los embates, tiene el crecimiento político más alto del panismo desarrollado, a la par —o por encima— del ex titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, y a una distancia sideral del sanmiguelense Luis Alberto Villarreal García. Por ese capital humano en un municipio clave para el PAN, Torres Graciano se coloca como un serio aspirante a la candidatura blanquiazul a Gobernador del Estado, sin embargo, el bando dieguista ha tratado de sofocar e incluso borrar esa percepción o catadura, tumbándole piezas al senador.

Torres Graciano conserva el control en Silao, una de las unidades territoriales que más interés despiertan entre los contendientes panistas.

Según los expertos en análisis político, el modelo torresgracianista se diferencia claramente del proyecto Sinhué que Miguel Márquez Márquez impulsa desde las entrañas del Gobierno del Estado. A diferencia de Rodríguez Vallejo, Torres Graciano ha logrado aglutinar a operadores capaces de incidir en el derrotero aparentemente rectilíneo de Acción Nacional e inclusive preparados para trazar una curva inesperada. Pero, ¿qué lo hace tan particular? ¿Y cuáles son las claves su éxito? Torres Graciano cimentó una estructura basada en la cooperación y el consenso más que en la competencia y, aunque tiene a casi todo oficialismo en contra, abarca un amplio espectro del mundillo burocrático. Prueba del temor ante la expansión del torresgracianismo quedó de manifiesto con el caso de Vicente Esqueda Méndez: el gobernador Miguel Márquez Márquez no presentó la ratificación de Esqueda Méndez como magistrado del Tribunal de Justicia Administrativa, cuyo período vence el próximo 17 de diciembre. Para tumbar a un alfil del oponente, el mandatario propuso a Gerardo Arroyo Figueroa ante el Congreso del Estado. Reacio a negociar, Márquez Márquez también frenó la continuidad de Mario Alberto Morales Reynoso como presidente del Consejo General del Instituto de Acceso a la Información Pública para el Estado de Guanajuato (IACIP).

Aun cuando enfrenta todos esos escollos, el ex dirigente estatal del PAN conserva el control en Silao, una de las unidades territoriales que más interés despiertan entre los contendientes y no sólo por su clima benigno y su privilegiada ubicación geográfica. Además de las dinamitas que constantemente se arrojan unos a otros, Torres Graciano sobrellevó la violación a la lealtad que cometió Juan Roberto Tovar Torres, el ex alcalde de Silao que por conveniencia y por las desavenencias con su mentor Jorge Galván Gutiérrez se adhirió a las tropas de Triple M. Así las cosas, FTG consolidó su estructura política en la joya industrial del Bajío. ¿Tiene el derecho a negociar posiciones si la diosa fortuna no se inclina a su favor?