Santoyo, ¿el virus azul que destruyó al PRI o el Mesías priista que todos esperaban?

MARCA PERSONAL/ De Rogelio Santoyo se han comentado miles de cosas, menos que sea un aspirante con posibilidades de ganar. Lo han alabado exageradamente y lo han criticado sin ofrecerle la oportunidad de explayarse sobre su alojamiento en el PRI. El ex militante de Acción Nacional se convirtió en el cuchillo que rebanó al priismo silaoense en dos mitades: una microscópica, que dirige el regidor Víctor Nila desde la Casa del Campesino, y una mayoritaria, integrada por todos los priistas que detestan a Nila. Y de manera graciosa lo exponen cada vez que pueden: “Silao es de las limas, no de los Nilas”.

A Santoyo le tocó la “mala suerte” de ser impuesto en la segunda artimaña de Nila, quien no guardó una distancia prudencial y prefirió burlarse de los perdedores con una socarronería tan irónica que provocó el cisma. La ruptura motivada por falta de acuerdos no fue ocasionada por Santoyo, quien no es químicamente puro ni genuinamente priista. Por medio de Santiago García López, el regidor impuso a Santoyo sin previo consenso y ahora vemos un PRI desnutrido, demacrado y sin gracia. El santoyismo está constituido, si acaso, por 15 personas que poco o nada saben de campañas políticas. A excepción de Nila, el resto apenas da sus primeros pasos en la grilla y quizá también paguen con creces las novatadas.

Para su mala suerte, Santoyo no es un silaoense nobilísimo ni un priista por convicción. Tampoco es catalizador ni tomará decisiones por su propia cuenta, pues detrás de él está Nila, quien astutamente pensó en un rival débil y sin estructura partidista para ponérselo al PAN, en dado caso que Mario López sea el candidato panista, pues sólo así podría apoyar a su secuaz en asuntos hídricos.

Al menos que nos equivocemos y Santoyo sea algo así como el Sebastián Rulli de la política, salga muy bien maquillado en los pendones publicitarios, enamore a miles de votantes, arrolle el día de las votaciones y sea el nuevo Mesías del PRI. Antes del arranque de las campañas, el santoyismo debe reconocer que no sólo de zancadillas vive el hombre e indudablemente se necesita el apoyo de toda una serie de apoyos sociales que el clan Nila no puede aglutinar en torno al PRI.

Mientras no le den un apretón de tuercas al proyecto Santoyo, el factótum o emisario político de Nila sigue viéndose como el virus azul que corroyó las entrañas del PRI.

***La opinión del autor no refleja la del medio.

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Autor entrada: Juan Deville

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